Hay demasiadas cosas que uno no debe perder cuando esté en Madrid. Madrid es una ciudad llena de sitios históricos, restaurantes deliciosos y bares divertidos. Sería imposible escribir todas mis recomendaciones en cuanto a las cosas que uno debe hacer aquí, pero hay algunos sitios y experiencias que merecen la pena probar.
Primero, hay que ir a la latina el domingo. Cada domingo hay un mercado en Madrid se llama el Rastro. Allí se venden productos artesanos incluso ropa, bolsas y antiguos. Pero lo más divertido es el ambiente que se puede encontrar en las tabernas de esta zona. Cada domingo sobre la una de la tarde, la gente se va a tomar cañas (un vaso pequeño de cerveza del grifo) hasta la noche. Sobre todo es lo mejor cuando haya buen tiempo y la gente está en la calle. ¡No lo puedas perder!
Otro sitio que vale la pena ir es Casa Patas. Es un bar de Flamenco en la zona de Antón Martín donde se pude ver un espectáculo fantástico de Flamenco. Las música es impresionante y el baile, aún mejor. Además, hay dos turnos, uno de las nueve de la noche y otro a las doce. ¡Es un espectáculo impresionante!
Un café por la mañana en cualquier cafetería es una experiencia importante que cualquier turista debe tener. En primer lugar, el café de Madrid es riquísimo. Es fuerte, pero con un poco de leche y un toque de azúcar, tienes un desayuno o merienda perfecta. Además, en los bares del barrio, mientras tomar un café, se puede escuchar a la gente y aprender un montón de expresiones solo por estar allí. Tomar un café es un costumbre madrileño que no puedes perder.
Finalmente, hay una actividad, poco legal ahora, pero muy agradable durante el verano: el botellón. Cuando haga buen tiempo, la gente joven compra alcohol y refrescos y se siente en una plaza para tomar copas con los amigos. Es una actividad muy divertido y barata pero hay que ser responsable. No debes dejar sus vasos en la calle y tampoco debes hacer mucho ruido. La gente que vive en el barrio merece su tranquilidad y la calle debe mantener limpia.
¡Qué aproveche!
Esta mañana me levanté a las siete de la mañana para acompañar a una amiga correr la primera parte del maratón de Madrid. A pesar de que me duele todo el cuerpo, me lo pasé muy bien.
Empezamos en la plaza de Colón donde pisamos en los pies de los otros corredores y llegamos a la plaza Castilla donde doblamos hacia el oeste de la ciudad. Pasamos por la ciudad universitaria donde yo despedí a mi amiga y fui a casa. (No había entrenado y por eso, a los trece kilómetros mi cuerpo me estaba pidiendo un descanso). Fui a casa me duché y me tumbé en el sofa donde sigo descansando todavía (son las ocho de la tarde).
A pesar del cansancio, la corrida me hizo recordar tanto me encanta correr. Para mi, no me importa la velocidad, ni el tiempo en que termino la carrera. Lo que me gusta es estar fuera con un grupo de gente de edades diferentes, que también le encanta correr. Además, es un momento solo para mi, cuando puedo pensar en lo que quiera. Conocimos a mucha gente mientras corrimos y a lo mejor un día correré un maratón entero.
¡Qué divertido!
Vivir en el momento… Creo que es una de las cosas más difíciles que hacer. Sobre todo, cuando hay mucho en el futuro que es desconocido te hace pensar en lo que te espera. Estos días cuando no estoy metida en mis estudios, me encuentro pensando no en el presente, sino en el futuro.
Llevo años pasando el verano trabajando o estudiando. Siempre tengo ´un plan´ para el verano que incluye unas semanas con la familia y el resto del tiempo dedico a trabajo o los estudios. Sin embargo, este verano será diferente. Por la primera vez, no tengo ningún plan. Aunque estaré buscando trabajo (si tengo suerte lo conseguiré antes), pero no tengo algo fijo que hacer. Sé que me mudaré a Nueva York en Septiembre, pero entre el final de mayo y el principio de Septiembre, estaré en la casa de mis padres pintando, haciendo yoga y pasando tiempo con los amigos y la familia. ¡Qué rico! Aunque tengo muchísimas ganas de estar en casa, me preocupa un poco el hecho de que no tengo ´un plan´. Me pone un poco ansiosa y en vez de pensar en mis trabajos finales, empiezo pensar en la pregunta: ¿Qué voy a hacer después de Middlebury? La verdad es que un futuro abierto y sin planes no es algo que conozco y por eso, me hace sentir un poco incómoda. De todos modos, mi meta para estos días es no pensar en el futuro desconocido, sino en el presente, en todo lo fantástico que hay en mi vida madrileña. Después de que pasan algunos momentos, estaré en el aeropuerto esperando mi avión a los EEUU. En fin, mi meta para mi último mes aquí en España es aprovechar TODO. No quiero perder ni un minuto de mi tiempo aquí, pensando en el futuro desconocido…
Tengo que confesar algo: ¡He pasado casi todas las vacaciones hablando en inglés! La primera semana fui a Praga por 4 días y la segunda semana vinieron mi madre y mi tía y fuimos a San Sebastián y Bilbao. Me lo pasé genial… de hecho, creo que Praga es una de las ciudades más bonitas que he visto y me encantó el norte de España, aunque había estado antes. Sin embargo, a pesar de pasármelo muy muy bien, no hablé mucho español. Era la traductora para mis parientes aquí en España, pero a pesar de hablar con los camareros y algunas conversaciones con mis compañeras, casi no hablé nada de mi querido Español. Ahora, como estoy aquí en casa otra vez, me está constando un poco, conectarme con las compañeras y el mundo Español, y sobre todo, me costé mucho hablar en clase hoy. Las palabras no están saliendo mucho y la verdad es que siento el afecto de haber tomado las vacaciones del español. Pero, no te preocupes…. Me queda un montón de trabajo y me pongo ahora, a trabajar!
El otro día fui al museo Tyssen con mi clase de arte. El profesor nos contóhechos sobre algunos cuadros impressionistas. Cuando llegamos al sitio deuno de los cuadros de Dalí nos dijo mientras señalando a una replicación pequeña del cuadro: -Este está prestado por otro museo pero estaré aquí dentro de algunas semanas. Justo después comentó a una compañera: -¡Qué vida tiene un cuadro!... Nos reímos un poco y luego pensé: -Pues, la vida de un cuadro no es tan diferente que la mía...
Este año para mi, ha sido un año de experincias culturales. No solo he pasado un año viviendo en el extranjero, pero también, he viajado un montón a muchos sitios dentro de España y Europa. Es decir mi año en España has sido una mescla de educación academica y educación experimental. Sobre todo, ha sido un año de viajar.
El fin de pasado tuve unas aventuras en Lisboa. La semana santa, voy a reuinirme con mi padre en Praga para conocer otro parte de Europa-- A veces, paro y pienso en toda la suerte que tengo yo por haber podido tener esta experiencia tan profunda, de conocer lugares nuevos, costumbres distintos y gente diversa. Sé que este año me va a servir por toda la vida...
En inglés decimos una expresión que creo yo, no es verdad: ¨La hierba siempre es más verde al otro lado.¨ Si pensamos en mi año aquí en España, sería imposible aplicar esta frase a mi vida ahora mismo.... en vez de pensar eso, voy pensando que mi vida es como la de un cuadro.
Hace una semana,estaba hablando con una amiga sobre el hecho de que no hemos estado enfermas este año en Madrid. Agradecimos esta suerte al hecho de que habíamos enseñado en escuelas los dos años antes de venir a Madrid y estar con niños resfriados todo el día nos ha hecho nuestro inmunidades tan fuertes que podríamos sobrevivir cualquier catarro. Pues, el día después de tener esta conversación, me enteré que había equivocado.
El jueves pasado me levanté con un dolor de cabeza y escalofríos. Fui a clase como si no sintiese nada, volví a casa, comí pollo y verdura y fui a echar la siesta. Me desperté a las cinco porque tenía que coger el autobús a las siete para ir a Burgos. Iba a caminar treinta kilómetros del Camino de Santiago. Aunque tenía muchísimas ganas e ilusión hacer un parte del camino, no podía moverme. Mi cabeza dolía como si fuera unos ladrillos y estaba sudando.
Llamé Lena en Prim y le expliqué mis síntomas y me dijo tranquilamente, que sería mejor si me quedara en la cama y ver como me encuentro mañana. Seguí durmiendo hasta la tarde del día siguiente, y no salí de la cama salvo para comer. Por dos días tenía fiebre y casi no podía moverme. La gripe me había atacado.
Hoy, el lunes me levanté sin dolor de cabeza por la primera vez en cuatro días. No tenía fiebre y no me dolían los huesos. Me desayuné mis cereales normales y fui andando a clase con una sonrisa. En el camino pensé, -qué suerte tengo yo, por poder andar, por poder sentir bien, por poder estar aquí en este momento con buena salud- Después de haber perdido un viaje muy importante y pasar días en la cama con dolor, me doy cuenta de algunas cosas muy importantes: nunca jamás podemos aprovechar de nuestra salud. Hay tantos momentos cuando ni pienso en la suerte que tengo por sólo poder sentir bien y andar como una persona normal. Además, es difícil a veces aceptar que hay cosas que no podemos controlar en la vida. Aunque nuestra inclinación es tomar medicina para curarse, muchas cosas como las enfermedades ocurren sin poder controlarlas. Es decir, hay que dejar de intentar cambiar como son las cosas y aceptar que de vez en cuando, nos ponemos enfermos.
Es interesante como se puede sentir tantas emociones a la vez. Por ejemplo, alguien puede estar contento por haber conseguido un nuevo trabajo pero al mismo tiempo, estar triste por tener que dejar lo antiguo. Es decir, las emociones son complicadísimos.
Cuando estoy fuera de mi casa o mi rutina habitual, estos sentimientos son aún más destacados. Aquí en España, me encuentro cada día con un estado de humor un poco diferente. A veces me siento lo más feliz en toda mi vida pero de repente, llega un nube de inseguridad. Para mí, estar en un ambiente extraño y metido en un mundo distinto a lo que estoy acostumbrada, puede causar muchos altos y bajos en cuanto las emociones.
Esta semana, ha sugerido un montón de emociones. Después de pasar tantos días estudiando empecé de pensar en lo que voy a hacer el ano que viene. La presión de los exámenes junto con la solidaridad de los días estudiosos, me causaron echar de menos mi casa y a mi familia y pensar mucho en cuando voy a regresar. Además, suelo tener morriña cuando estoy lejos de mi familia.
Ahora, he terminado mis exámenes y puedo ver la luz al final del túnel: vacaciones. Así que, distraerme de pensar en mi familia y mis amigos será un poco más fácil en las semanas que vienen. Aunque cada día, sigo cogiendo un poco más de experiencia y sabiduría;), no parezco dejar de ser añorar a mis padres y amigos…. Os pregunto, ¿se me pasará este sentimiento?
El fin de semana pasado, me encontré en una conversación fascinante sobre las maneras de echar el azucar en el café, té o cualquier bebida caliente. En medio de la sala grande del Café Commercial, llena de humo y gente meriendando por la tarde, me senté con un compañero mio para discutir los acontecimientos del fin de semana. Después de haber llegado nuestros tés, el mío té classico y el suyo, poleo menta, nos miramos mientras que abrimos las bolsitas de azucar y echamos el polvo blanco en las tazas. Me pregunto mi amigo:
-Porque siempre abres tu paquete de azucar así- cogió la bolsita y me mostró el papel que se quedaba roto en borde del paquete.
-Cómo qué, no entiendo lo que dices- Respondí a mi amigo.
-Es que parece que no quieres que el azucar salga de la bolsa- me respondió con curiosidad.
-Pues, es verdad, es como abro mi azucár, pero no me había dado cuenta de que es algo habitiual que hago.
Luego, lo miré echar su edulcorante en su bebida. Con su cucharita se echo una gota en el metal y luego se echó en el agua.
-Yo siempre mido mi azucar antes de echarla en mi bebida.
-Interesante- respondí -cada persona es distinta, ¿verdad?
Terminamos nuestras bebidas y nos fuimos del bar. Sin embargo, me quedé pensando -son los rituales, los detalles de cada individuo que nos hace diferente-